¿Cómo se vive una buena vida?

Esta es seguramente la pregunta que más me hago y una de mis principales razones para seguir leyendo y estudiando. Por suerte, no estoy solo en esta búsqueda: grandes pensadores a lo largo de la historia se han preguntado lo mismo y han desarrollado sus propias respuestas. De hecho, el buen vivir es tan importante para la historia del pensamiento que constituye una disciplina filosófica con su propio nombre: la ética.

La ética es el estudio filosófico sobre el buen vivir

Las mejores respuestas que he encontrado sobre cómo vivir provienen de filósofos de la antigüedad. En específico, las ideas de Marco Aurelio y Platón han tenido un impacto transformador en mi forma de ver el mundo. No obstante, si hablamos de ética, el protagonista indiscutido es Aristóteles. Este filósofo griego fue el primero en estudiar extensamente la buena vida y por ende es considerado una de las figuras centrales de la ética.

En sus diferentes tratados sobre ética, Aristóteles propone una teoría sobre cómo debemos vivir. Para esto, reflexiona sobre el objetivo de la vida humana y luego examina cómo podemos alcanzarlo. En el proceso, aborda virtudes como la amistad, la valentía, la liberalidad y la prudencia, entre otras.

Hace poco estuve indagando en los planteamientos éticos de Aristóteles y encontré ideas muy valiosas para reflexionar sobre cómo llevar mi vida. No obstante, por cómo están escritas, creo que pueden resultar difíciles de leer: me costó bastante entender algunas ideas en su formato original. Por eso, en este artículo quiero resumir las ideas principales de la ética aristotélica, o puesto en simple: explicar cómo es la buena vida según Aristóteles.

En busca de la felicidad

Aristóteles comienza su teoría ética asumiendo que todas las acciones humanas tienden a un fin. De esta forma, es necesario que haya un fin último, que al ser alcanzado, evite que necesitemos cualquier otra cosa. Según Aristóteles, este fin último es la felicidad, dado que “la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa”. Todo lo demás, “los honores, el placer, la inteligencia y toda virtud, los deseamos también a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ello seremos felices”.

Para Aristóteles, la felicidad es el fin último de la vida humana

Antes de continuar, es necesario tener en cuenta que cuando Aristóteles hablaba de felicidad, utilizaba el concepto griego eudaimonía, que también puede traducirse como “florecimiento humano” o “prosperidad”. La eudaimonía se refiere al bienestar de quien siente satisfacción con la vida que está llevando y el tipo de persona que está siendo. De aquí en adelante, cuando hablemos de felicidad debemos entenderla como eudaimonía y no como sinónimo de alegría o placer.

Recapitulando, Aristóteles propone que la vida humana debe apuntar a la felicidad. Esta definición puede parecer un poco simplona y es posible que implícitamente ya forme parte los principios personales de mucha gente. No obstante, aun siendo una idea sencilla, reflexionar sobre ella te invita a cuestionar la forma en que llevas tu vida. En concreto: si lo importante es buscar la felicidad, ¿estamos tomando el camino más directo para alcanzarla, u optimizando algo que es un medio — como el dinero o el reconocimiento — y no el fin último?

Cada uno debe contestar esa pregunta a través de un proceso constante de reflexión personal. De todas formas, Aristóteles nos propone un camino para alcanzar esta felicidad. Veamos cuál es.

Practicar la virtud para ser feliz

Aristóteles define la felicidad como “una actividad del alma de acuerdo con la virtud”. Esto significa que seremos felices siempre que nuestras acciones sean guiadas por nuestra parte racional (el alma) con el objetivo de apuntar a la excelencia (la virtud). La virtud puede tomar distintas formas según cada situación: a veces significa ser valiente, otras veces ser moderada y otras, amable. Lo importante, según Aristóteles, es “actuar rectamente”, porque quienes lo hacen “alcanzan las cosas buenas y hermosas; y la vida de éstos es por sí misma agradable”.

Aristóteles propone una ética de las virtudes: debemos vivir apuntando a la excelencia en nuestras acciones

El concepto de actividad es importantísimo en esta definición de felicidad. Para Aristóteles, la virtud solo puede practicarse, por lo que cualquier reflexión sobre qué es lo virtuoso será estéril si no va acompañada de un buen actuar. En sus palabras:

“Investigamos no para saber qué es la virtud, sino para ser buenos, ya que de otro modo ningún beneficio sacaríamos de ello”

Y también:

“Con respecto a la virtud no basta con conocerla, sino que hemos de procurar tenerla y practicarla”

Una virtud solo puede adquirirse con práctica. Solo ejercitando la amabilidad nos volvemos más amables, solo manteniendo la calma desarrollamos la templanza y así será con cualquier otra forma de ser. Por esto, los hábitos son importantísimos para Aristóteles y aparecen destacados varias veces a lo largo de sus tratados de ética.

Con esto ya tenemos un segundo ingrediente en la receta para el buen vivir: practicar la virtud. Esto nos invita a preguntarnos: ¿qué virtudes necesito y cómo las voy a practicar? ¿qué hábitos necesito poner en práctica?

El protagonismo que tiene la acción virtuosa en la ética aristotélica tiene una consecuencia muy relevante. Si basta con actuar apuntando a la excelencia para ser feliz, entonces siempre estará en nuestro poder alcanzar la felicidad. Muchas veces, pensamos que necesitamos que ocurran eventos externos o lograr ciertas cosas para sentirnos bien. Aristóteles nos propone exactamente lo contrario: nos dice que “una acción bien hecha es ella misma el fin” y “la vida feliz será la del que actúe de acuerdo con la virtud”. Por lo tanto, actuar virtuosamente — esforzarte para dar lo mejor de ti, sin importar las consecuencias — es suficiente para ser feliz.

El justo medio

Aristóteles nos propone actuar virtuosamente para ser felices. Bonito, pero ¿cómo voy a saber cuál es la virtud en cada caso? Para esto, el filósofo nos propone la doctrina del justo medio: buscar la acción que ocupa un posición intermedia entre el exceso y el defecto, según nuestra situación específica.

Encontramos la virtud apuntando al punto medio entre el exceso y el defecto

Son muchas las virtudes que se identifican en la ética Aristotélica: está la valentía, la moderación, la paciencia, la sinceridad, el ingenio, la generosidad y la justicia, entre otras. En todas ellas, existe una versión excesiva y otra defectuosa. Por ejemplo, en la valentía, el exceso es la temeridad (tomar riesgos de forma imprudente) y el defecto, la cobardía (no atreverse a nada).

Para cada una de las virtudes, debemos buscar el justo medio, comenzando por identificar si estamos más cerca del exceso o del defecto. Según Aristóteles: “debemos tomar en consideración aquellas cosas a hacia las que somos más inclinados”. Personalmente, pensando en el ejemplo anterior, tiendo a estar siempre más inclinado hacia la cobardía que a la temeridad, por ende, para alcanzar el justo medio debo buscar formas de practicar la valentía.

Es deber de cada persona hacer el ejercicio de identificar si necesita más o menos de algo. Una forma para determinarlo, según este filósofo, es pensar en el placer y el dolor que nos provocan ciertas acciones. En su doctrina, el placer y el dolor son enemigos de la razón, por lo que apartándonos de ellos encontraremos el justo medio. En específico, si una acción nos causa mucho placer (comer chatarra toda la semana) o demasiado dolor (tragarse el orgullo y tratar bien a alguien que detestas), lo más probable es que haya alguna acción relacionada que te acerque al justo medio.

Conclusión

En síntesis, la ética de Aristóteles se basa en tres ideas principales:

  1. El fin de la vida humana es la felicidad (eudaimonía).
  2. Alcanzamos la felicidad actuando virtuosamente.
  3. Podemos encontrar la virtud en cada situación apuntando al justo medio.

Al respecto, podemos plantearnos tres preguntas importantes sobre nuestra vida:

  1. ¿Estoy optimizando mi felicidad o algo intermedio?
  2. ¿Qué virtudes necesito desarrollar y cómo las pondré en práctica?
  3. En estas virtudes, ¿estoy más cerca del exceso o del defecto?

Ahora que ya conoces las ideas éticas de este filósofo, puedes empezar a incorporarlas a tu propio sistema: a la forma en que piensas sobre la vida y tomas las decisiones importantes. También es posible que estas ideas te hayan parecido una burrada, en cuyo caso te recomiendo investigar sobre otros sistemas éticos, como la deontología o el consecuencialismo. Ambos son muy interesantes y espero escribir sobre ellos algún día.

Personalmente, la ética aristotélica me pareció muy valiosa para complementar mis principios personales, basados principalmente en el estoicismo. En particular, las reflexiones sobre la felicidad como fin último y el justo medio me parecieron muy prácticas y ya he comenzado a aplicarlas a mi vida. Por supuesto, hacerlo no es fácil, pero no debemos olvidar que, como dijo Aristóteles:

“La vida feliz es la vida conforme a la virtud, y esta vida tiene lugar en el esfuerzo, no en la diversión”

Notas

Todo este artículo está basado en el libro Ética a Nicómaco de Aristóteles. Esta obra nos llegó en forma de libro, pero originalmente eran los pergaminos que usaba Aristóteles para dar clases en el Liceo. Fueron posteriormente organizados por su hijo Nicómaco, y de ahí ganaron su nombre.

Todo lo que está entre comillas son citas textuales o adaptadas levemente de este libro.

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