Justo hace un año terminé de leer uno de los libros que más influencia ha tenido en mi forma de ver la vida. El libro se llama Meditaciones y contiene las reflexiones personales de Marco Aurelio, un emperador romano del siglo II d.C. Además de dirigir el Imperio Romano, Marco Aurelio fue el último gran pensador de una corriente filosófica llamada estoicismo.

Leer sus pensamientos fue impresionante para mí, porque en ellos vi materializadas muchas ideas personales sobre cómo vivir que no había visto sistematizadas en ningún otro lugar. Descubrir que pensamientos difusos que había tenido formaban parte de una escuela de razonamiento tan antigua fue muy liberador y me convenció de que la filosofía clásica sigue siendo una fuente invaluable de información sobre cómo llevar una vida feliz.

Para celebrar este año que ha pasado, quise revisitar este libro, destilando — en base a mi experiencia personal aplicando esta forma de pensar — las ideas más importantes para llevar una vida feliz y satisfactoria, según Marco Aurelio.

Bueno o malo es una decisión

Para mí, la idea más poderosa del pensamiento de Marco Aurelio es esta: las cosas que nos pasan no son malas ni buenas por sí mismas. Por esto, la forma en que interpretamos lo que nos ocurre es una decisión personal. Sentirse feliz o desdichado por un evento externo es una elección que depende de esta interpretación.

Esta idea es trascendental para toda la filosofía estoica. Para estos pensadores, mediante la reflexión podemos cambiar nuestra mentalidad y dejar de sentirnos mal cuando las cosas no salen como queremos. Así lo dice Marco Aurelio en sus Meditaciones:

“Elimina la opinión y habrás eliminado la sensación de “me han hecho daño”; elimina el “me han hecho daño” y habrás eliminado el daño”

Para este emperador y filósofo, la capacidad de actuar de acuerdo con nuestros valores es lo único verdaderamente necesario para vivir una vida feliz. Los sucesos externos — cuando alguien nos trata mal, cuando tenemos mala suerte, o cuando nuestro esfuerzo no da frutos — no afectan nuestra capacidad para hacer el bien y por ende no deberíamos dejar que perturben nuestro bienestar.

“Lo que te ha sucedido ¿te impide ser justo, magnánimo, prudente, sensato, reflexivo, sincero, discreto, libre y tener, en fin, todas aquellas virtudes cuya posesión permite a la naturaleza del humano conseguir sus fines?”

Personalmente, me identifico mucho con esta forma de pensar. Creo que las cosas que nos pasan — buenas o malas — son tan impredecibles, que dejar que nuestro estado de ánimo dependa de ellas es una receta para vivir sintiéndose inconforme.

Poner esta mentalidad en práctica es difícil y requiere de mucha humildad. Nuestro ego siempre quiere ser el protagonista de lo que ocurre. Nos sentimos agraviados por el destino cuando tenemos mala suerte, y cuando nos va bien, nos creemos el cuento y asumimos que es una señal de nuestro talento. Cuesta creerlo, pero gran parte del tiempo las cosas solo pasan y nosotros no tenemos más participación que la coincidencia de estar ahí cuando pasaron.

Aunque sea difícil, esta forma de ver las cosas es profundamente liberadora una vez que la empiezas a practicar. En vez de inventar explicaciones, Marco Aurelio nos invita a reflexionar y desvincular nuestra felicidad de los sucesos externos para concentrarnos en lo que podemos controlar: nuestra capacidad para desarrollar una virtud.

En cada desafío una virtud

El estoicismo va más allá de asumir la neutralidad de los eventos externos. Para Marco Aurelio, cada obstáculo que encontremos es una oportunidad para practicar una virtud. Como la capacidad de actuar virtuosamente es lo que nos permite una buena vida, en cada dificultad podemos encontrar un motivo para la felicidad. Así lo dice en una de mis frases favoritas de Meditaciones:

“De ahora en adelante, ten siempre presente ante cualquier circunstancia que te pueda causar dolor: esto no es una desgracia, sino una dicha sobrellevarlo con entereza”

Para este filósofo, el dolor, el agravio, las molestias y cualquier otra dificultad que encontremos, son oportunidades valiosas para demostrar una virtud. Ante estos eventos, el emperador nos invita a preguntarnos: “¿qué virtud necesito poner en práctica ante dicho objeto?”.

Este ejercicio no es fácil. Cuando nos pasa algo malo, lo normal es sentirse mal y desear que pase lo más rápido posible. Para Marco Aurelio, no deberíamos afligirnos, porque “lo que sucede en el presente es siempre materia prima para la virtud” y “a ningún ser humano puede sobrevenirle un acontecimiento que no sea humano”. Aunque cueste verlo, en cada evento adverso hay una oportunidad para el bienestar y depende de cada uno aprovecharla.

En mi experiencia, una forma de lograr este cambio de foco es poner atención a nuestras quejas. Cuando nos quejamos de algo, lo más probable es que estemos ante una oportunidad de trabajar un valor importante para nosotros. Me he dado cuenta de que el simple hecho de emparejar algo que me disgusta con una virtud por poner en práctica cambia completamente mi disposición y me permite dar el primer paso para aprovechar esta oportunidad.

Perdona o enseña

El principio anterior se aplica directamente a la forma en que respondemos cuando nos toca tratar con personas difíciles. Frente a ellas, Marco Aurelio nos dice.

“Si alguien te enfrenta con violencia, trátalo con complacencia y buen humor; aprovecha la dificultad de la situación para que aflore una nueva virtud”

Para este filósofo, cuando las personas actúan de forma equivocada, no lo hacen por maldad sino por desconocimiento del bien. En ética, esta forma de pensar es conocida como intelectualismo moral: las personas harán el bien solo si saben qué es.

Según Marco Aurelio, “toda alma se ve privada involuntariamente de la verdad”. Por consiguiente, cuando alguien actúa incorrectamente — por mucho que tengamos las ganas de devolver el daño causado — solo tenemos dos opciones: perdonarlos o enseñarles a actuar mejor. Así lo dice en sus Meditaciones.

“Si puedes, haz que las personas cambien con la educación; si no puedes, recuerda que se te ha concedido la benevolencia para casos así”

Para mí, esta es una de las enseñanzas más difíciles de poner en práctica. Soy rápido para poner etiquetas a los demás cuando no estoy de acuerdo con lo que hacen o dicen. Pero asumir que los otros son malos es tomar el camino fácil, y al hacerlo nos privamos de la oportunidad de desarrollar un valor y por ende, de vivir felizmente. “Porque para quien busca el bien siempre cabe el perdón”.

Para este filósofo, la benevolencia es mucho más que una búsqueda individual. Según Marco Aurelio, estamos hechos para formar parte de una comunidad y solo haciéndolo podemos estar en armonía con nuestra naturaleza humana. De esta forma, cuando le damos la espalda a nuestros amigos, vecinos o colegas, nos estamos separando de nuestra comunidad y rechazando algo esencial para una vida feliz.

Creo que vivir vinculado con la comunidad es un desafío gigante. Nuestras vidas son cada vez más individualistas: yo ni siquiera conozco a mis vecinos y eso que vivo a centímetros de ellos. Asimismo, pareciera que nunca hay tiempo para coordinarse con los amigos, aunque siempre lo haya para estar a solas viendo YouTube o Netflix.

Le creo a Marco Aurelio cuando defiende la importancia de la comunidad, pero es algo que — al menos por ahora — no tengo idea cómo desarrollar en mi vida y tengo que seguir explorando.

Solo tenemos el presente

En Meditaciones, el filósofo nos recuerda una y otra vez sobre la brevedad de la existencia humana.

“Mira a tu espalda el inmenso abismo de la eternidad, y el otro infinito que se abre ante ti. Llegados a este punto, ¿qué diferencia hay entre vivir tres días o vivir tres veces?”

Para Marco Aurelio, la vida es demasiado corta como para estar preocupados por lo que puede pasar o amargados por lo que ya pasó. Solo tenemos una oportunidad, y deberíamos ocuparla para vivir virtuosamente.

“No actúes como si fueras a vivir diez mil años. El destino pende sobre nosotros, de modo que mientras vivas y te sea posible, sé una persona de bien”

¿Cómo es la vida virtuosa? En palabras del filósofo, es una vida con “imperturbabilidad respecto a cuántas cosas procedan de una causa externa y justicia en las que acaecen por causa tuya”. En simple: hacer el bien y aceptar felizmente cuando algo sale mal.

Esta idea es esencial para quienes vivimos preocupados por el futuro o rumiando el pasado. Al hacerlo, desperdiciamos lo más valioso que tenemos: la oportunidad de aprovechar el presente. Lo único verdaderamente nuestro, lo único que perdemos irreparablemente, es el presente.

¿Cuántas veces dejamos que nuestro ánimo se arruine por minucias? ¿Nos mortificamos por cosas dispensables, por decisiones irrelevantes? Para mí, recordar la fugacidad de la vida en todo momento — el famoso memento mori — ha sido esencial para desarrollar la capacidad de no amargarme por tonteras, de disfrutar a mis seres queridos cuando los tengo cerca y de dejar de quejarme cuando puedo ser agradecido por las cosas que tengo.

La vida es cortísima. Para Marco Aurelio, esto tiene otra consecuencia: hoy es el mejor momento para comenzar con el cambio que necesitas. Nos dice:

“No sigas dándole vueltas a las cualidades que debe poseer una persona de bien; trata de serlo”

Esta idea ha sido crucial para mí, pues tengo una tendencia a darle mil vueltas a las cosas antes de empezarlas. Esto me pasa incluso (o tal vez: más aun) cuando estoy convencido de que son cambios que necesito. Por ejemplo, empezar a escribir, a hacer deporte o a leer con regularidad, son actividades de las cuales estaba completamente seguro que quería probar y sin embargo esperé años para atreverme a hacerlo.

Creo que cada uno tiene una idea de la vida que quiere llevar y de las cosas que necesita hacer y probar. Aun así, las postergamos. Se nos olvida que la vida alcanza apenas para hacer todo lo que nos interesa hacer. Recordar su fugacidad es una buena receta para atreverse a empezar hoy.

Edúcate

A pesar de su demandante vida dirigiendo el Imperio Romano, Marco Aurelio siempre persistió en educarse, especialmente en filosofía. La educación fue un pilar en su vida, y por eso nos incita a buscarla si queremos vivir felices y tranquilos.

“¿Tal vez te preocupan las ocupaciones externas? Procúrate de tiempo libre para aprender algo bueno y deja de girar como una peonza”

Para mí, hacer un esfuerzo por seguir educándome después de terminar la universidad ha sido esencial para mejorar mi confianza en mis capacidades y mi bienestar en general. Cada vez que dedico tiempo personal a estudiar algún tema, me siento revitalizado y energético. Hacerlo con regularidad requiere disciplina y tiempo, pero estoy convencido de que tiene un gran impacto positivo en mi vida.

Esta rutina de educación continua me llevó a aprender de filosofía y psicología, dos disciplinas que hoy me apasionan y que han transformado mi forma de pensar.

Todos tenemos temas que nos despiertan una profunda curiosidad. En mi opinión, no atreverse a estudiarlos con rigurosidad y profundidad es perderse una de las grandes cosas que la vida tiene para ofrecer. Así nos lo dice el filósofo, en el último capítulo de sus Meditaciones:

“Familiarízate con todo lo que te resulte desconocido”

¿Qué cosas que te llaman la atención y cómo podrías empezar a estudiarlas hoy? Busca un documental, un canal en YouTube, un libro o un podcast. Pero no te vayas de este mundo sin la gratificante experiencia de aprender diligentemente sobre aquello que te apasiona.

Conclusión

En este artículo hemos recorrido las ideas principales del estoicismo en el libro Meditaciones de Marco Aurelio. Hay muchas más, pero estas son las más importantes para mí. Como conté en la introducción, este libro tuvo y sigue teniendo una gran influencia en mi forma de ver la vida y me ha ayudado a vivir más tranquilo y en general, mejor. Porque, como nos dice este filósofo:

“La vida feliz depende de muy pocas cosas”

Espero que este artículo te haya servido como introducción y motivación para aprender más sobre estoicismo. Si te interesa esta corriente filosófica — o cualquier otra — no esperes más para empezar a estudiarla y practicarla, hacerlo es verdaderamente recompensante.

¿Cómo partir? Estudiando, de la forma que más te acomode. Conversando con los demás y escribiendo tus propias ideas. Dándote tiempo sin distracciones para reflexionar sobre lo que piensas de la vida y el mundo. Pero no lo dejes para mañana, porque como nos dice Marco Aurelio:

“¡Qué claro está que no hay otro mejor momento para dedicarse a la filosofía, que el momento en que ahora te encuentras!”