Establecer un hábito positivo en tu vida, como hacer deporte o leer, es difícil. Y para qué decir, hacer desaparecer un hábito con consecuencias negativas en el largo plazo, como fumar o gastar mucho: eso sí que a veces parece imposible. Muchas veces, aunque tengamos todas las ganas de cambiar, cuando llega la hora de tomar la decisión crucial — levantarse temprano a entrenar, o abrir tu libro en vez de Twitter antes de dormir — nos falla la fuerza de voluntad.

En estos momentos, pareciera que hay una desconexión completa entre nuestra parte planificadora y nuestra parte operativa. La primera, está completamente convencida de que necesita un cambio, y la otra, sabotea todos nuestros planes apenas la ponemos a prueba. ¿Cómo va a ser tan difícil ponerse de acuerdo y hacer lo que sabes que quieres hacer?

A veces creemos que nos falta motivación o voluntad, pero en mi experiencia, hay formas mucho más sencillas de iniciar este tipo de cambios. Una de ellas es lo que en la economía del comportamiento se conoce como nudge: un cambio imperceptible en el contexto que rodea a una decisión, que te ayuda a hacer lo correcto sin estar a merced de tu yo operativo en cada momento.

Un nudge es un cambio imperceptible en el contexto de una decisión, pero que tiene una influencia importante en esta.

Por ejemplo, yo siempre tuve problemas para usar hilo dental con regularidad. Intentaba comenzar el hábito, pero terminaba abandonándolo después de unos días. Esto cambió hace unos meses, cuando encontré la solución en un nudge muy sencillo: dejar el hilo dental a la vista, sobre el lavamanos. Puede parecer una acción insignificante, pero hacerlo fue lo que me faltaba para recordar hacerlo todos los días y ahora llevo una racha de varios meses usándolo con regularidad.

En mi experiencia, un buen nudge es lo más parecido a un hack que hay para instituir un nuevo hábito: la mejor forma de hacer cooperar a tu yo operativo cuando las papas queman. Para poder usar esta técnica a tu favor, lo primero es aprender los diferentes tipos de nudges que puede haber en tu ambiente, para luego poder modificarlos. Partamos por ahí.

Nudges y la arquitectura de decisiones

Un concepto clave para encontrar los factores imperceptibles de tu entorno que influyen en tus elecciones, es la arquitectura de decisiones. La arquitectura de decisiones es el contexto y la forma en que una decisión se nos presenta. Y los resultados de la economía del comportamiento nos muestran que estos elementos, a pesar de ser muchas veces invisibles, influyen notablemente en nuestras decisiones.

Esta es la razón, por ejemplo, de que los chocolates más tentadores estén justo al lado de la caja en el supermercado. En este caso, la decisión: “darse un gustito” se nos presenta justo cuando tenemos menos tiempo para arrepentirnos. Un clásico ejemplo de la arquitectura de decisiones siendo usada en nuestra contra (o beneficio, si se te había olvidado tu chocolate).

No hay ninguna decisión que no tenga una arquitectura subyacente. Cuando un elemento de la arquitectura de decisiones es manipulado para afectar nuestro comportamiento — para bien o para mal — estamos en presencia de un nudge.

Si todavía no te convence el poder de los nudges, mira el siguiente ejemplo. En 2012, una cadena de hoteles logró disminuir la cantidad de comida diaria desperdiciada por gente que se servía más de la cuenta, en un 20%. En cada hotel, esto significó que diariamente se dejaron de botar a la basura cerca de 22 platos de comida. ¿Cómo lo hicieron? Con un nudge tan simple como sorprendente: disminuyeron el tamaño de los platos de su buffet para que la gente no se sirviera más comida de la que podía comer.

Es tal el potencial de esta idea para ayudarnos a abordar algunos de nuestros grandes problemas — como la protección del medioambiente o la promoción de estilos de vida saludables — que varios países han desarrollado sus propias Nudge units: agencias estatales cuya misión es aplicar estas intervenciones para contribuir al bienestar de las personas.

Algunas ideas para aplicarlo a tu vida

Las posibilidades de aplicación de nudges son infinitas y la energía que necesitas para implementarlos es muy poca. Aquí radica el potencial que tienen para mejorar tus hábitos. Veamos algunos casos.

Modifica la opción por defecto

La opción por defecto en una decisión tiene un impacto enorme en lo que el grueso de las personas termina decidiendo. El ejemplo más evidente es la donación de órganos. En Alemania, donde la opción por defecto es no donar, la tasa de donantes es de un 12%. En Austria, un país vecino muy parecido en que la opción por defecto es ser donante, la tasa de donantes es de un 99%. Solo las personas que de verdad no quieren donar órganos hacen el trámite para desinscribirse.

Cuando estés construyendo un hábito nuevo, pregúntate: ¿hay algo que pueda hacer para que este hábito sea la opción por defecto?

Por ejemplo, si estás buscando ahorrar más, puedes programar una transferencia automática a una cuenta de ahorro el día que recibes tu sueldo. Así, la opción por defecto será ahorrar, y si llegas a necesitar la plata, siempre puedes recuperarla.

Si tienes problemas para dormir porque te quedas viendo el celular hasta tarde, no dejes tu teléfono en el velador. Pon la alarma y déjalo en otro lugar. Mejor aún si en tu velador mantienes un libro, para que la opción por defecto sea leer antes de dormir.

Utiliza señales visibles

La mejor forma de que una acción pase a ser parte importante de tu día a día, es que la señal que gatilla esta acción pase a ser una parte importante de tu ambiente. En psicología, esta idea se conoce como priming: las cosas que nos rodean — incluso cuando son imperceptibles — influyen en nuestro comportamiento.

En un experimento del 2007, se encontró que el simple hecho de poner una imagen de ojos mirando a las personas, hacía que estas se comportaran de forma más honesta. ¿Cómo se medía la honestidad en este caso? Como la cantidad de dinero que las personas ponían en la “alcancía de la oficina” al prepararse un café.

Para ayudarte a instituir un nuevo hábito, usa las señales como nudges a tu favor.

  • Si quieres tomar más agua: llena un par de botellas y tenlas sobre tu escritorio.
  • Si quieres leer más: ten siempre el libro que estás leyendo a la vista, y llévalo contigo a todas partes, como si fuera tu teléfono.
  • Si mañana quieres levantarte a hacer ejercicio, esta noche puedes dejar listo todo lo que necesitas y dejarlo a la vista.

Ponte obstáculos

Los seres humanos tendemos a la comodidad y a lo fácil. Mientras menos energía requiera un hábito, más probable es que ocurra. Usando este principio, un buen nudge para alejarte de tus hábitos negativos, es ponerte obstáculos en el camino.

Por ejemplo, si quieres utilizar menos tus redes sociales, puedes: 1) eliminar las aplicaciones de tu teléfono y 2) cambiar la contraseña por una muy complicada y anotarla en un papel. De esta forma, la próxima vez que sientas el impulso de ir a tu red social favorita, este será contrarrestado por todos los obstáculos en medio.

Haz que los incentivos sean visibles

A veces tenemos malos hábitos porque la consecuencia negativa de estos está demasiado lejos en el futuro. El clásico ejemplo es la adicción al tabaco: una actividad que echa a perder tu salud y afecta tu presupuesto, pero cuyas consecuencias solo aparecen muchos años después de hacerlo repetidamente.

Una forma de mejorar la arquitectura de decisión en este tipo de situaciones es haciendo más visibles las consecuencias a largo plazo de tus hábitos.

Por ejemplo, si quieres dejar de fumar, te puede servir llevar recuento de cada cajetilla de cigarros que compres y calcular el costo en dinero y salud que esa cantidad de significa. El costo en salud lo puedes ver en este estudio: cada cajetilla que fumes acorta tu vida en unas 4 horas, en promedio. El costo acumulado te ayudará a ver el impacto de esta decisión en tu futuro.

Conclusión

Aprender sobre el uso de nudges cambió mi forma de ver el mundo. Ahora ya no puedo de dejar de verlos en todas partes. Y lo primero que hago cuando quiero instaurar un nuevo hábito o eliminar uno viejo, es buscar los pequeños cambios que me pueden ayudar a hacerlo exitosamente.

Ahora que tú también conoces el poder de estos empujoncitos, úsalos a tu favor para tener mejores hábitos. Sé el arquitecto de tus buenas decisiones.

Y si te interesa aprender más sobre esta idea, te recomiendo los siguientes libros: